El Lema del Presidente 2011-2012 Kalyan Banerjee. Su discurso leido en la Asamblea Internacional de San Diego USA.

Busca dentro de Ti para Abrazar a la Humanidad

A la entrada de este salón plenario, habrán visto un letrero que dice Entrad a aprender. Y esto es lo que haremos usted y yo, al unirme a ustedes hoy humildemente pero con claridad sobre los resulta­dos que deseamos obtener en los próximos cinco días. Esta será una experiencia que recordaremos y atesoraremos para siempre.

Miren ahora a sus compañeros de equipo. A cada lado, enfrente y detrás, tienen un amigo. Mírelos. Puede que sea alguien de un país distinto del suyo, una cultura diferente, quizás un credo diferente, que hable otro idioma y se vista de forma diferente. Pero sin importar las diferencias, tenemos una cosa en común: estamos rodeado de rotarios con las mismas esperanzas, los mismos sueños y pa­recidas aspiraciones de hacer del mundo uno en que su familia, sus hijos y sus nietos puedan vivir seguros y felices. En los próximos días nos conoceremos y saludaremos, comeremos, viviremos y aprenderemos juntos, fortaleciendo cada vez más nuestros lazos de amistad. Cada uno de ustedes espera, lo sé, hacer eso realidad. ¿Por qué entonces no se ponen de pie simplemente pónganse de pie y le dan la mano a la persona sentada a su derecha, izquierda, enfrente y detrás? Vamos, hagámoslo.

Gracias. Sí, es un día verdaderamente especial para cada uno de nosotros, ya que disfrutamos de la presencia de ilustres ex presidentes, la Junta Directiva de RI, el Consejo de Fiduciarios de LFR, y fun­cionarios pasados, actuales y futuros, todos líderes, de esta gran organización nuestra.

Pero ¿por dónde empezamos? Para responder la pregunta, permítanme remontarme a nuestra historia.

Fue el ex presidente de RI Glen Kinross, de Australia, quien inició un proyecto de viviendas de bajo costo en Rotary en 1997-1998. A partir de ese proyecto, los clubes rotarios de Raipur, en el Distrito 3260 de la India, lograron que el gobierno les cediera un terreno de 3 hectáreas para construir 500 viviendas de 28 metros cuadrados cada una a un costo individual de 800 dólares. Los clubes rotarios australianos contribuyeron 300 y los cinco clubes de Raipur 100 dólares para cada albergue, y La Fundación Rotaria proporcionó el resto mediante una Subvención Compartida. Cuando los albergues estuvieron listos, los clubes de Raipur lo anunciaron en los periódicos locales y recibieron alrededor de 5.000 solicitudes. Los rotarios decidieron que los albergues se asignarían realizando un sorteo público de los solares. En el día programado, se reunieron todos los rotarios y cerca de 3.000 per­sonas en un espacio al aire libre próximo a los edifcios. Yo viajé por avión desde Mumbai para acompañarlos.

Cuando el sorteo iba aproximadamente por el albergue número 135, salió el nombre de Anisa Be-gum. Cuando la llamaron, se puso de pie una señora delgada vestida con un sari blanco y caminó hasta el escenario, donde recibió solemnemente sus papeles. Pero en lugar de regresar a sentarse, preguntó repentinamente a los organizadores rotarios si podía pronunciar unas palabras. Había cierta sinceridad en su rostro que hizo que el rotario le cediera el micrófono, diciéndole que tenía solamen­te un minuto. La señora empezó diciendo:

Mis hermanos rotarios, no los conozco a ustedes ni ustedes a mí. Yo llegué a Rai-pur con mi esposo y tres hijos pequeños hace un año. Vivíamos en un pequeño cuarto hasta que mi esposo me dijo un día: Anisa, te voy a dejar. Hay otra persona en mi vida. Y luego repitió tres veces, Talaaq, talaaq, talaaq (Me divorcio, me divor­cio, me divorcio), recogió su maleta y se fue.

Pensé que el cielo se derrumbaba. El dueño de la habitación me sacó a mí y a mis hijos del cuarto porque mi esposo no había pagado el alquiler. No tenía dónde ir. Deambulamos por las calles descansando a veces en la estación de autobuses, perseguidos por guardias de seguridad o simplemente en la acera con los perros callejeros. Los niños lloraban sin parar y estaban constantemente hambrientos y enfermos. No tenía dinero para comida o medicinas, ni trabajo salvo limpiando los baños públicos. Estaba totalmente desesperada.

Y entonces alguien me habló de su programa de viviendas y tuvo la amabilidad de completar la solicitud porque no sé escribir. Y aquí estoy.

Y después de decir esto, se sentó repentinamente en el escenario, frente a los miles de personas pre­sentes y dijo:

Hermanos rotarios, no saben lo que han hecho por mí. Me han dado una nueva vida a mis hijos y a mí. Gracias, gracias, gracias.

Luego empezó a llorar abiertamente, como también lo hicimos nosotros, debo admitirlo, porque sen­cillamente no lo pudimos evitar. Y aunque con ojos empañados por las lágrimas, pudimos ver como nunca antes el verdadero signifcado de ser socio rotario.

De eso hace ya 12 años y sigo convencido de que si queremos traer esperanza, dignidad y confanza a otros seres humanos en este mundo, lo mejor que podemos hacer es ayudarles a que tengan un hogar. El hogar es donde nace la familia, y la madre y el hijo son el corazón de esa familia. Las co­munidades donde vivimos no están compuestas de personas, sino de familias que viven juntas en sus hogares compartiendo sus vidas, sus recursos y su destino. Las buenas familias generan buenos vecindarios, y éstos, buenas comunidades. Por último, las buenas comunidades generan buenas na­ciones.

Es por esto que en este año venidero la primera área de interés especial será la familia, porque es en el seno familiar donde fjamos todas nuestras metas. Luego emprenderemos la misión de asegurar vivienda segura, suministro de agua y saneamiento, atención a la salud, y todos los problemas que afectan a las madres y a sus hijos. Para que la familia sea sólida, debe existir primero un hogar sólido y seguro. Solo entonces puede reinar la salud, esperanza y armonía dentro de sus muros.

Hace años tuve el privilegio de trabajar con la Madre Teresa de Calcuta. Fue ella quien dijo: El mundo está al revés y sufre tanto porque hay muy poco amor en el hogar y en la vida familiar. No tenemos tiempo para nuestros hijos, ni para disfrutar el uno del otro. El amor comienza en el hogar, el amor debe vivir en el hogar, y por esto es que hay tanto sufrimiento e infelicidad en el mundo, porque to­dos viven apresurados, los hijos apenas tienen tiempo para su padres, y los padres no tienen tiempo para sus hijos o para sí mismos, y es en el hogar donde se empieza a derrumbar la paz mundial.

Para retornar a esa paz, entonces, debemos empezar por el hogar y la familia.

Nuestra segunda área de interés es fortalecer lo que ya hacemos bien y buscar la continuidad, por­que realmente hacemos muchas cosas bien: los proyectos de suministro de agua potable, de alfabe­tización, con las Nuevas Generaciones a través de la nueva Avenida de Servicio, guiándolos para que puedan ser los líderes del mañana. Y claro que seguimos enfocados en la erradicación de la polio. Nos falta poco, nos falta sólo esto, como dijo Desmond Tutu. Casi hemos cumplido nuestra labor, pero debemos seguir trabajando en nuestro Plan Estratégico, ampliarlo, mejorarlo. Debemos apoyar a La Fundación Rotaria y su Plan para la Visión Futura.

Puesto que el desarrollo lleva a la prosperidad, y la prosperidad a la paz, sigamos fortaleciendo nues­tras comunidades. Podemos hacerlo con grandes proyectos como la construcción de una represa o de puentes, como han hecho algunos clubes en India. O podemos hacerlo con pequeñas obras como instalar pupitres, ventiladores o pizarrones en las aulas de una escuela. Verán que lo importante es estar dispuestos a satisfacer la necesidad que exista, sin importar la envergadura del proyecto. Lo que he aprendido es que los trabajos difíciles se pueden hacer de inmediato. Lo imposible nos puede llevar un poco más de tiempo.

No olvidemos nunca que por cada obra de gran magnitud hay un pequeño gesto que puede cambiar una vida: Una palmadita en la espalda, una palabra de aliento; a veces, una sonrisa basta. Si sonríes, casi todos te contestarán con una sonrisa. Colmemos nuestro año de risa, gozo y felicidad, y brinde- mos por lo menos tres sonrisas por rotario y cónyuge todos los días. ¡Son ocho millones de sonrisas diarias! ¿No es fantástico? En esta vida, se dará cuenta de que no siempre podrá hacer obras gran­des, pero siempre podremos hacer las pequeñas con mucho amor.

Yo creo que como rotarios somos pragmáticos y que nuestros ideales cobran vida a través del servi­cio. Aspiramos a vivir nuestras vidas con integridad, honestidad y guiados por La Prueba Cuádruple, puesto que compartimos la buena voluntad y la amistad, y tratamos de ver el valor de cada ser hu­mano. No nos interesa el mínimo común denominador puesto que Rotary no tiene nada de común. Es por eso que trabajamos para elevarnos, y por medio de ello, elevar el mundo.

Entonces, veamos qué cosas podemos hacer mejor, qué debemos cambiar, y qué otras no hemos ni siquiera empezado. Creo que debemos tener la sabiduría y valentía necesarias para identifcarlas y realizarlas. Por supuesto que pienso que estamos en Rotary para cambiar el mundo, de no ser así, ¿para qué ser rotarios? Creemos que el futuro será mejor que el pasado. Y me encanta citar a Mahat-ma Gandhi, quien dijo Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo.

Y así, nuestra tercera área de interés especial en el 2011-2012 será el cambio, y debemos empezar
por personifcar nosotros el cambio que queremos ver en el mundo. Si deseamos la paz, debemos
primero vivir en paz nosotros mismos, en nuestros hogares y en nuestras comunidades. Si queremos
detener la degradaci
ón ambiental, reducir la mortalidad infantil o eliminar el hambre, debemos ser
instrumentos de tal cambio, y reconocer que debe empezar dentro de cada uno de nosotros.

Para que estos cambios se hagan realidad, debemos pensar fuera de los marcos preestablecidos. Debemos explorar las posibilidades de trabajar junto con otros que participan de igual modo que nosotros. Con frecuencia se me ocurre que Rotary y las Naciones Unidas tienen una relación simbió­tica. Podemos continuar fomentando los Objetivos de Desarrollo del Milenio, suplir las necesidades de nuestras comunidades. Además, los recién aprobados aunque muy experimentados Grupos de Acción Rotaria, que trabajan en áreas como el suministro de agua potable, microcrédito, prevención de SIDA o alfabetización fortalecerán signifcativamente nuestro arsenal de armas para servir efcaz y efcientemente.

Dos aspectos donde debemos analizar constantemente nuestras metas son: en primer lugar, identi-fcar a más rotarios para que hagan el trabajo de Rotary. Creo que ya es hora, desde hace mucho, de enfocarnos en atraer una generación nueva, más joven, actualizada, rotarios que se desenvuelvan fácilmente en YouTube y en Facebook. Estos rotarios existen en perspectiva, esperando que los invi­temos, pero tenemos que crearles un espacio. En muchas áreas del mundo rotario, esto está empe­zando a ocurrir, pero debemos procurar que sea un fenómeno universal que acelere nuestra propia red rotaria. Y así será si nos seguimos enfocando en estos cambios.

El segundo aspecto que debemos analizar es si sabemos difundir bien la obra de Rotary en el mun­do. Muchas veces pensamos que como estamos haciendo muy buenas obras, estamos a plena vista del mundo. Pero la mayoría de las veces, el mundo no está prestando atención. Aún en Evanston, a dos cuadras de la Sede, hay gente bien informada que pregunta, “¿Rotary? ¿Qué hace? Necesita­mos una presentación bien planifcada, ingeniosa y moderna que relate la obra de Rotary al mundo. Ya bastantes noticias negativas publican los diarios y las revistas; es hora de hablar de las buenas obras. Y debemos adaptar la forma de hablar de ellas al lugar o país donde nos encontremos. Eso sí, la obra debe ser difundida, porque lo que hacemos sin duda vale la pena difundir.

Hoy que estamos a punto de comprometer un valioso año de nuestras vidas a Rotary, entendamos bien que cada uno de nosotros tiene un papel que jugar, una obra que realizar, algo que cumplir. No podemos sencillamente regresar a nuestros países diciendo que haremos lo mejor que podamos. Tenemos que comprometernos de forma absoluta y completa, y decirnos, lo que tengo que hacer, sin duda se hará.

Y les aseguro que cada uno de ustedes logrará el éxito, porque la disposición y la fortaleza para ha­
cer esta o cualquier otra obra residen dentro de ustedes mismos. Para una persona lograr algo en
este mundo, debe usar todos los recursos a la mano. Y el
único lugar para empezar es con nosotros y
dentro de nosotros. Y las preguntas que debemos hacernos son:
¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué estás
aqu
í? Porque todos buscamos sentirnos satisfechos en la vida, y las responsabilidades que estamos
a punto de aceptar forman parte de esa satisfacci
ón.

Para lograr esa satisfacción tenemos que encontrar una armonía entre nuestro ser interior y nuestro ser exterior; las dimensiones internas son nuestros deseos, nuestro espíritu, nuestra voluntad; la dimensión externa es la acción que tomamos y la imagen que creamos. Por eso les pido que bus­quen y desaten su poder interior y luego lo usen para abrazar a todo y todos a su alrededor. Vamos. Busquen primero en su interior y luego persigan con determinación las metas que se han fjado. Des­cúbranse, descubran sus fortalezas, y luego, sin dudarlo o pestañear dos veces, marchen para que puedan abarcar el mundo y abrazar a la humanidad. Y ese, mis hermanos y hermanas de Rotary, será el lema de nuestro año: Busca dentro de Ti para Abrazar a la Humanidad.

Pero, ¿cómo lo hacemos? Bueno, de eso se ha tratado justamente nuestra conversación en su tota­lidad. Todas las luces del mundo no pueden compararse ni siquiera a un rayo de luz interior. Deseo que las llamas del amor y la devoción iluminen sus corazones, que la luz de la comprensión alumbre sus mentes, que la luz de la armonía brille en sus hogares y que los rayos brillantes del servicio res­balen de sus manos.

Quiero terminar esta mañana con un pequeño relato. Uno de mis libros favoritos es Guerra y la paz de León Tolstoy, la novela épica sobre el ejército napoleónico que trata en vano de conquistar Rusia. Hay una escena en el libro donde las tropas francesas están muy cerca de las rusas, quienes parecen estar con la espada contra la pared. Dos rusos, un ofcial y su amigo, hablan:

Uno le dice al otro: La fuerza de las armas gana las guerras.

El ofcial dice: No, no lo creo. No me parece que sea la fuerza de las armas lo que gana las guerras.

Su amigo le dice: ¿Qué entonces? ¿Con qué se gana las guerras?

El ofcial piensa por un momento, y luego dice: Creo que lo que gana las guerras son los sentimien­tos, los sentimientos en ti, los sentimientos en él, los sentimientos en mí.

¿Por qué termino con este relato? Porque nosotros también hemos estado hablando de la guerra y la paz. Pero además, porque por los últimos 20 minutos, les he estado diciendo lo que nos caracteriza como rotarios: los sentimientos en ustedes, en él, y en mí.

Busquen dentro de Ustedes para Abrazar a la Humanidad.

Espero que esta Asamblea Internacional colme las expectativas de todos y cada uno de ustedes.

4   Discursos de la Asamblea Internacional de 2011

 
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